martes, 9 de agosto de 2011

La gran lección del estudiantado chileno: UNA GENERACIÓN QUE ROMPE CON LA APATÍA GLOBAL QUE PROMUEVE EL SISTEMA

Admiro y me gusta esta generación.

Le están ganando a la indiferencia y a los potentes distractores del sistema.

Tampoco se dejan vapulear por una “clase política” de gobierno o de oposición. En concreto, más allá de la militancia política de algunos de sus líderes, no responden a lineamientos políticos ni de la derecha, ni de la concertación, ni del partido comunista sino exclusivamente a la organización de su indignación y a la toma de conciencia de su época.

Han planteado lo justo y lo necesario en torno a:

1. el desmantelado y desacreditado sistema educacional chileno, que alguna vez fue el sostén de un estado docente con ánimo de construcción de una identidad nacional y de una conciencia de país basada en el derecho a la cultura, el saber y la ciencia para todo chileno,

2. la implantación abusiva de una educación privada como un negocio lucrativo y de dudosa calidad académica

Frente a lo primero no están planteando un imposible, sino volver a un sistema educacional que garantice el derecho a la enseñanza y a una formación amplia y de calidad, que todo ser humano necesita para verdaderamente vivir y entender la dignidad de su existencia. Aprehender a optar y a pensar por sí mismo para efectivamente participar con fundamento en un marco de un estado de derecho y realmente democrático. Y cuando digo participar me refiero también al perfeccionamiento de habilidades y capacidades para el desarrollo productivo del país, pero esto es una consecuencia y un efecto necesario que se originan en seres con autonomía de pensamiento que comprenden que comparten un destino común.

Empero, respecto a lo segundo, tocan una fibra delicada de los negociados de la educación que compromete tanto a sectores de la concertación como de la derecha. No en vano el gobierno quiere llevar la discusión al parlamento, allí encuentra para este tema a sus socios estratégicos de la Concertación. Ambos sectores con diferencias de forma están convencidos que la educación privada es una alternativa viable y que debe estar al servicio de los nuevos tiempos, vale decir preparando básicamente gestionadores y productores de una eficiencia ad hoc con una formación funcional al sistema de libre mercado. Una educación primordialmente para la productividad, la ganancia y el capital.

¿No es eso lo razonable hoy en día? ¿Lo que da trabajo y hace feliz a la gente? Así habla el Presidente, quiere que todos los niños chilenos tengan una oportunidad y sean felices. Señor Presidente, la educación no es tratar de dar una oportunidad, es un derecho para ampliar y consolidar la dignidad humana. De ahí en adelante, cuando uno logra entendimiento y saberse a sí mismo, para cada persona la “felicidad” es un goce estético y ético individual, que se desarrolla en una sociedad o comunidad relativamente armoniosa de valores, y equilibrada socioeconómica y políticamente.

Y es en esa dirección donde se podrá realmente avanzar en escucharse y en las negociaciones. Aquí no hay intransigencia de los jóvenes sino una mirada mucho más profunda y amplia, que las anquilosadas y viejas recetas de la derecha, de la concertación y de los comunistas respecto de este tema. Hay una verdadera lección para los escleróticos partidos políticos y la “clase política” chilena que ya se presentan sólo así misma, pero para el mundo adulto y los trabajadores de hoy que han sido manipulados y desmovilizados por la Concertación durante 20 años.

En una cosa estoy de acuerdo con la derecha. Este es un problema que no solucionó la Concertación. No tuvo la voluntad y se creyó el cuento, ya no de administrar el neoliberalismo sino que lo apadrino como un modelo para gobernar con discursos de izquierda políticas de derechas.

Y por eso hoy la historia se encuentra consigo misma. Debemos reiniciar un debate nacional, si queremos un proyecto de país o una agencia comercial de las transnacionales, queremos un sistema educacional para un desarrollo espiritual y material de la nación o un modelo de formación para el crecimiento productivista de las transnacionales y el capital financiero.

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