jueves, 25 de agosto de 2011

QUE HA LOGRADO EL PARO? MUCHÍSIMO MÁS DE LO QUE EL GOBIERNO, LA OPOSICIÓN, TODA LA “CLASE” POLÍTICA Y LOS ANALISTAS DE TODO COLOR PUEDAN SOSPECHAR…

Está claro que el Gobierno es inmune a las masivas manifestaciones de los chilenos y hace pasar las legítimas protestas de un pueblo agobiado de tanta injusticia, inequidad y promesas de cambio, por escaramuzas y expresiones de violencia de grupo minoritarios.

La prensa y los canales de televisión, monopolizados en manos del empresariado y la derecha, cubren casi en un 98% las vías por donde de los chilenos puede informarse. Estos medios de comunicación propagan, lo que el patrón quiere ver y escuchar; que estas formas de protestar conducen a una situación de descontrol, caos y vandalismo donde todos los chilenos pierden. No hay la misma cobertura para profundizar en las demandas legítimas del movimiento social, que es muchísimo más amplio y trascendente en sus peticiones y formas de manifestarse que los actos aislados de unos cuantos violentistas que parecen hacerle el juego al oficialismo.

El gobierno se contenta con repetir, una y otra vez las mismas argumentaciones falaces, porque en definitiva algo queda.

Hay conatos de desorden y vandalismos? Los hay. Pero son minoritarios y producto en algunos casos, de resentimientos sociales fundados en una marginalidad de todo tipo en que viven obligados y sin esperanza muchos chilenos. En otros casos simplemente delincuentes comunes, que paradójicamente poquísimas veces ha sido apresados cuando están actuando. Y finalmente los infiltrados, un grupo más pequeño pero con influencia en la imagen de caos y desorden que se quiere dar.

El gobierno está jugando con fuego. O no saben lo que hace, o si creen saberlo porque suponen que les va a resultar lo que están tramando. Tapar el sol con un dedo, podría resultar desastroso para la derecha, el Gobierno y para todos.

Ojo! El mundo mira. No son los grupos minoritarios y vandálicos el problema. Porque si el Gobierno ya no pueden o no quieren controlar estas actitudes de grupos minoritarios, no sólo hace visible su (probable) incapacidad de mantener en orden a grupos de actuación muy concentrada y concreta en ciertos lugares, sino una insana intención de atrincherarse en sus posturas a como dé lugar.

Porque el problema real, es el que convoca hoy a la gente, es una gran mayoría de pobres, de la clase media y del pueblo de Chile, el que ha despertado y está en la calle por sus derechos. Sin lugar a dudas, la Concertación gestiono el modelo neoliberal en interés de su propia nomenclatura política, dejando de lado importantes reformas sociales y jugó un rol nefasto desmovilizando a los militantes de los partidos y a los trabajadores en general.

Eran los tiempos en que la derecha discretamente y los empresarios abiertamente aplaudían a la Concertación.

Ni con todos los medios de comunicación de su lado, ni con todos los Institutos de estudios socio-políticos derechistas y de la Concertación. Ni con todas las distracciones consumistas e individualistas y la parafernalia hipnótica del futbol y las teleseries que ha implementado el modelo neoliberal logrando socavar efectivamente la conciencia de muchos chilenos. Ni con un partido comunista atascado en el pasado y disminuido socialmente. Ni con grupos alternativos variopinto que finalmente son inoperantes y sin creatividad. Ni con una gran mayoría de “intelectuales izquierdistas” entregados al pragmatismo y la “lógica” del modelo. Ni con iglesias timoratas y obsecuentes ante el poder del dinero que ha reemplazado a su propio Dios. Ni con todos esos enmascarados y violentistas haciéndole el juego al Gobierno. Ni con todo eso, se ha podido parar una voluntad mayoritaria de miles de miles de jóvenes chilenos, que responde a su propia conciencia, que van ya involucrando a millones de chilenos para recuperar el derecho a clamar por una justicia social y cambios constitucionales que debieron darse hace mucho tiempo.

Y está claro, con la violencia no se puede ir a ninguna parte.

Pero, ni la salud, ni la educación, ni los viejos derechos de los trabajadores podrán ser restablecidos si tanto el gobierno, la concertación y otros partidos o movimientos opositores no entiende que hay nuevos actores sociales que deben ser escuchados e integrados en una Asamblea Constituyente donde se pueda re-discutir qué país y que Constitución es posible para todos.

Pase lo que pase, aquí el movimiento estudiantil ya ha ganado, fundamentalmente porque se ha prendido una nueva antorcha de esperanza y de conciencia para terminar con esta realidad imaginaria de éxitos pero llena de indignidades sociales y re-construir una democracia real, una nación y un país al menos más justo y más verídico para todos. Se ha logrado colocar en el centro del debate la dignidad del ser humano por sobre un productivismo ciego sin sentido ni destino.