
"Se puede engañar a todo el pueblo parte del tiempo y a parte del pueblo todo el tiempo; pero no se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo." Abraham Lincoln (1809-1865)
Dale con las mentiras. Los estudiantes han dicho hasta el cansancio que no quieren hacer todo en un año, que esperan ver un proyecto de reformas reales encaminado hacia lo que todo Chile quiere; un sistema educacional garantizado para todos, donde podamos reencontramos para proyectar una Nación común y no una Educación funcional a un crecimiento económico para unos pocos.
Las porfías ideológicas pueden llevar a una irrealidad, cuyos costos son impredecibles (Gadafi, Hussein). Hasta para un no militante de nada como yo, advierte que hay una desconfianza en las instituciones y en la clase política preocupante, y que esto va In crescendo y no sólo en Chile. Los únicos perplejos sin saber que hacer son los políticos de cualquier bando.
El Gobierno sigue entendiendo orden público por represión. No lo comparto, pero es comprensible. Es una lógica arraiga en la ideología conservadora de la derecha…que le ha retribuido ganancias coyunturales, pero en tiempos normales.
Y señores no estamos en una situación normal.
Seguir usando y abusando de Carabineros tiene un límite, sobre todo cuando es ya más que evidente, que es por incapacidad política y porfía ideológica para sentarse a dialogar en serio las demandas de los estudiantes. Hasta la derecha democrática entiende que la actual Constitución no responde a un proyecto de Nación común, que fue hecha e impuesta como un traje a la medida para un proyecto de democracia restringida, que sólo la obsecuencia y la cobardía política de la concertación permitió seguir funcionando hasta que el pueblo se enfureció.
Aún así, no comparto la violencia y desmanes de unos pocos jóvenes en cada protesta, pero si puede ser comprensible.
Ellos creen estar respondiendo correctamente a la violencia institucionalizada de los abusos ilimitados que la banca, los retail, y diversas empresas de servicios y algunas de producción ejercen contra la masa indefensa de la población civil, ante la indiferencia y nula eficiencia del Estado para controlar y regular relaciones comerciales y los derechos del consumidor. Esto porque la invisible violencia institucionalizada de financieras, bancos y empresas es un “negocio” legitimado por el sistema ante la sociedad.
Hay un robo organizado cuasi legal, una competitividad para el engaño, una apropiación mañosa de la mayor parte de los excedentes financieros de los trabajadores y la clase media en una infinidad de actividades comerciales que han ido más allá de un lucro razonable por parte de una mayoría de bancos, financieras, retail y empresas comerciales y de servicios. Y ello ha causado un enorme daño al patrimonio y a la calidad de vida de miles de miles de familias. Esto es una verdad indesmentible para quienes trabajamos, investigamos y nos movemos en el mundo de las finanzas y la economía. Ha causado directa e indirectamente la muerte, el suicido y un esclavismo de las deudas de millones de personas pocas veces visto en la historia de la humanidad, porque esto es un problema global que va más allá de Chile, es una forma de ser del capitalismo financiero actual.
Aún así, no es la respuesta adecuada. Porque no es efectiva ni incrementa eficientemente la conciencia de la ciudadanía respecto de estos temas, por el contrario se entrega en bandeja un argumento torpe, pero un argumento efectista a las autoridades del gobierno y al poder de ciertos empresarios (aún enceguecidos ideológicamente) de este país, que vía sus medios de comunicación predominantes hace que lo irrelevante ahogue lo importante. Y así lo único que se logra es atornillar al revés.
La única “violencia” de masas posible, efectiva y eficiente, es seguir irrumpiendo en las conciencias de la ciudadanía desnudando la enajenación a la que somos sometidos por el sistema, desarmar lo que aparece como obvio e irreversible en una voluntad de cambio y rebelión cívica ante lo que actualmente vivimos; una realidad de resignación, deudas, de miserias y esperanzas incumplidas…no sólo para los pobres sino también para la clase media.
La única “violencia” de masas que impactan el sentido común y pueden incrementar conductas deliberativas y de apoyo a los cambios exigidos son las actuales protestas; persistentes, masivas, comprometidas, innovadoras en actos culturales y alegres, en actividades que ridiculizan la situación y al gobierno, con denuncias creativas y de fundamentos, con la potencia de la razón irónica y divertida, con la fuerza de una dignidad humana para todos, con el sentir de un país justo y solidario para todos…
La anarquía es más un sentimentalismo subjetivo que objetivo cuando logra lo contrario de lo que aspira. Y el resentimiento llevado al vandalismo y la delincuencia es improductivo, no entienden que ellos son parte de la solución, pero el Gobierno quiere e impulsa que se vean como parte del problema. Ellos, que son una minoría, sin quererlo finalmente son caja de resonancia del Gobierno y de los medios de comunicación (de varios periodistas que ya no lo son, porque son pobres trabajadores pauteados y dependientes de un sueldo) que desinforman a la población.
Los pueblos, las ciudadanías nunca pueden ser derrotadas por el poder de turno. Las derrotas sólo advienen cuando el poder de turno logra enajenar la opinión pública y la gente empieza a desertar de sus luchas justas y necesarias.
Los estudiantes deben redoblar sus esfuerzos creativos, porque están luchando no para lograr la mejor educación del mundo, sino una viable y para juntar a todos los chilenos en un proyecto de nación común. Y eso tiene que ser compresible incluso ahora y no mañana, para quienes son dueños de este país, no es que haya una coyuntura o un período de cambios, se adviene a nivel mundial un cambio de etapa, de época.
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